Cómo alimentarse después de los 40 años

Cada etapa de la vida tiene determinadas características y necesidades. En la madurez física se producen cambios en el cuerpo que ameritan adoptar nuevos hábitos. Aquí alcanzamos algunas recomendaciones para los que están bordeando los 40 años y los que quieren prevenir futuros problemas.

Está en nuestras manos prevenir algunas enfermedades y gozar de una buena calidad de vida al llegar a la vejez. Este proceso debería empezar muchos años antes pero lamentablemente durante la juventud no se suele pensar en las debilidades del futuro. Sin embargo, nunca es tarde para empezar, y si usted está cerca de los 40 años, es importante que se ajuste a las nuevas necesidades del cuerpo.

¿Qué sucede en el cuerpo a los 40 años?

Al llegar a esta edad ocurren algunos cambios fisiológicos que afectan las condiciones nutritivas. Existen tres importantes transformaciones:

Disminución de energía. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que a partir de los 40 años la necesidad de energía desciende un 5% por cada década debido a que disminuye el consumo de energía del organismo en situaciones de reposo para mantener las funciones vitales: bombeo de sangre, mantenimiento de la temperatura corporal, etc. Esta reducción se traduce en la disminución de la necesidad de calorías, algo no contemplado por muchas personas y que explica por qué aumentan progresivamente de peso si mantienen los mismos hábitos de alimentación que años atrás.

Grasa corporal. Desde los 40 hasta los 75 años se produce un marcado aumento en la proporción de grasa en el cuerpo. Además, se modifica su distribución, acumulándose en mayor medida alrededor del abdomen y en los órganos internos. Este cambio es más notorio en las mujeres. Por otro lado, está demostrado que la distribución abdominal de la grasa es un marcador sensible del riesgo cardiovascular, es por esto que conviene evitar ciertos alimentos adiposos.

Masa ósea. Entre los 30 y 35 años comienza un proceso lento pero constante de pérdida de masa ósea. Luego, para las mujeres, durante la menopausia cesa la producción de estrógenos, hormonas encargadas de preservar la resistencia de los huesos. Ello explica por qué las mujeres tienden a sufrir en mayor medida de osteoporosis y diferentes lesiones óseas, lo cual no exime a los hombres de padecer enfermedades y quiebres de los huesos.

Hay otros cambios menos graves pero igualmente importantes:

  • El pelo se vuelve más fino y frágil.
  • El cristalino (componente del ojo) pierde flexibilidad y capacidad para enfocar.
  • La pigmentación de la piel disminuye, al igual que la cantidad de células defensoras de la epidermis.
  • Los tejidos de los párpados, mejillas, cuello y cejas comienzan a ceder debido a la pérdida de elasticidad y la laxitud de los músculos.
  • El colesterol puede aumentar en las mujeres, debido a la llegada de la menopausia.
  • La piel, el pelo y las uñas se pueden resecar.

Prevenir es mejor que curar

Si quiere continuar saludable a lo largo de la madurez, le damos estas recomendaciones:

Mucho calcio. Incrementar la dosis de calcio es imprescindible. Se obtendrán mejores resultados si se comienza a consumir desde años anteriores.

Actividad física. Si antes era importante el ejercicio, ahora lo es más. Al ejercitar el cuerpo los huesos y músculos se fortalecen, se oxigena la sangre y se desintoxica el cuerpo, procesos fundamentales después de los 40 años.

Alimentos antioxidantes. Se aconseja consumir alimentos ricos en sustancias antioxidantes, como vegetales, frutas y hortalizas, que neutralizan la acción nociva de los radicales libres.

Menos alimentos grasos. Conviene evitar las grasas saturadas (mantequilla, nata, frituras, carnes grasas, etc.), las cuales aumentan los niveles de colesterol y se acumulan en las paredes de las arterias dificultando el flujo sanguíneo, lo que aumenta el riesgo de arteriosclerosis. Como contrapartida, se debe aumentar el consumo de pescado azul, aceite de oliva y semillas, que ayudan a bajar los niveles de colesterol y reducir la viscosidad de la sangre, lo que disminuye el riesgo de aparición de trombos.

Vitaminas. Tomar vitaminas contenidas en alimentos naturales ayuda a contrarrestar muchos daños que trae consigo la edad. Por ejemplo, la vitamina A, que interviene en la vista, crecimiento, reproducción y desarrollo del tejido óseo. La vitamina C también es muy importante para personas de más de 40 años, debido a que refuerza el sistema inmunológico.

Una calidad de vida saludable depende de los hábitos que desarrollemos desde que somos jóvenes, es cuestión de tomar conciencia y visualizarse dentro de unos años para ver qué podemos hacer ahora y no lamentar después.

Publicado originalmente por: www.lafamilia.info

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